DERIVAS POR SÃO PAULO II: DEL CARÁCTER PEDAGÓGICO DE LA CALLE

“Aprender y comprender son dos maneras de expresar
el mismo acto de traducción. No hay nada detrás de los textos
sino la voluntad de expresarse, es decir, de traducir”.

Jacques Rancière, El maestro ignorante

Hace ya unos meses, en uno de mis paseos sin rumbo fijo predeterminado, llegué caminando hasta el inicio (¿o acaso no sería el final?) de la calle Oscar Freire. En un primer momento me llamó de inmediato la atención el nombre de esta calle porque así se llama también un célebre ciclista español que fue campeón del mundo de ciclismo en ruta en tres ocasiones (1999, 2001 y 2004). Pero no, esta calle no está dedicada al ciclista, sino a un célebre médico y catedrático baiano, según leo después en Wikipedia. Al poco tiempo de llegar por primera vez a São Paulo había oído decir que la Oscar Freire estaba considerada como “el punto de comercio más elegante de la ciudad”; así consta en todas las guías turísticas. De modo que un cierto interés “antropológico” por los ricos, mezclado —por qué no decirlo— con un cierto interés morboso sin ningún tipo de base científica me llevó a adentrarme en esta ruta del lujo y el glamour paulista. Según el Mystery Shopping International, esta calle fue elegida en su día entre las ocho “más lujosas” del mundo. Si lo decía es MSI[1], algo bueno tenía que tener.

cimg0070-copiaMuy lejos de la primera idea que me había hecho al iniciar la caminata, lo primero que me llamó la atención siguiendo esta ruta fueron unos papeles cuidadosamente pegados con celo en cajas de la compañía de luz de la ciudad, así como en distintos postes, farolas, cabinas telefónicas, paneles de madera…. Al principio no me fijé en ellos más que de refilón, sin prestar ninguna atención especial, pero al cabo de unos metros, viendo que estaban distribuidos a lo largo de toda la calle y que eran ciertamente numerosos, la curiosidad me llevó a ver de qué se trataba. Me acerqué un poco y descubrí que se trataba de páginas arrancadas del libro de Paulo Freire “Pedagogia do Oprimido”. Inmediatamente, sorprendido por el hallazgo, intenté desentrañar la lógica con la que estaban distribuidas estas páginas sueltas: “¿Se respeta la numeración de página?, ¿se pueden leer las páginas seguidas, o están saltadas algunas de ellas?, ¿hay que cruzar la calle para seguir leyendo?” Pero, por más que me esforcé, no fui capaz de encontrar una lógica en la distribución de dichas páginas; creí intuir que estaban distribuidas más o menos al azar. En cualquier caso, lo que más me llamó la atención fue, simplemente, el gesto. Alguien —no podemos saber quién—

se había dedicado a arrancar las hojas del célebre ensayo de Freire y las había ido pegando celosamente por la calle comercial más lujosa de la ciudad. ¿Con qué objetivo? ¿Qué hay detrás de un gesto como este?

Me acerqué más aún para leer alguna de estas páginas y allí, sin más preámbulos, se podía leer:

“Nuestra posición, ya afirmada y que viene siendo defendida en todas las páginas de este ensayo, es que sería realmente una ingenuidad esperar de las élites opresoras una educación de carácter libertario. Pero, por el hecho de que la revolución tiene, indudablemente, un carácter pedagógico que no puede ser ignorado, en razón de que o es libertadora o no es revolución, la llegada al poder es apenas un momento, por más decisivo que sea. En tanto que proceso, el ‘antes’ de la revolución está en la sociedad opresora y es apenas aparente”. [Paulo Freire: “Pedagogia do oprimido”. (Edición en portugués). Extracto de una página del libro arrancada y pegada en una caja de Eletropaulo en la calle Oscar Freire, esquina con Teodoro Sampaio, São Paulo, 2016, p. 183. El subrayado es mío].

cimg0073-copiaEsta cita me hizo recordar que la Bienal de São Paulo de 2014 (“Cosas que no existen”) hacía hincapié precisamente en la dimensión “pedagógica” del arte contemporáneo. El título de aquella Bienal: Cómo hablar (vivir, usar, luchar, aprender…) de cosas que no existen [Como (…) de coisas que não existem] invocaba una pretendida o supuesta capacidad del arte para reflexionar y actuar sobre la vida misma así como sobre el poder y las creencias. También se hacía referencia allí a la idea del viaje, y a la bienal misma como “proceso abierto y de intercambio, de naturaleza esencialmente pedagógica, y de receptáculo de proyectos” —más que de obras en un sentido tradicional—, con el objetivo, siempre según sus comisarios,  “de tener una incidencia en la situación cultural y social de Brasil, más allá del contexto artístico”. Sin embargo, una vez más, las buenas intenciones de los programadores culturales se dieron de bruces con la realidad. ¿De verdad cabe pensar que un ámbito de reflexión y experiencia como pueda ser una bienal de arte contemporáneo puede tener algún tipo de incidencia real en la situación social de un país como Brasil? ¿De verdad seguimos siendo todavía tan ingenuos como para pensar que aquellas “élites opresoras” que mencionaba Paulo Freire en su ensayo van a fomentar una educación de carácter verdaderamente libertario?

¿De verdad pensamos que el arte contemporáneo tiene alguna posibilidad de incidencia para cambiar o modificar mínimamente el statu quo en relación a la liberación de los oprimidos?

Mientras caminaba por la Oscar Freire me acordé de que, con motivo de aquella bienal, estuve pasando una tarde con un artista español que participaba en aquel evento y que vino a São Paulo para terminar el montaje de su instalación. Hablando sobre esta cuestión del carácter pedagógico de la Bienal[2], este artista me contaba que los organizadores responsables del programa pedagógico le habían invitado con insistencia a participar en actividades paralelas que consistían, grosso modo, en ir a zonas afaveladas de la ciudad para que se acercara hasta allí para, de alguna manera, poner en práctica toda esta historia del supuesto carácter emancipador del arte. Conclusión, este artista me decía: “Pero si prácticamente no tienen qué comer, si su día a día es prácticamente una lucha por la supervivencia más básica… ¿Cómo vamos a ir nosotros allí para hablarles de emancipación social por medio del arte?” Al final de nuestra conversación, este amigo artista me decía: “En todo caso, para que algo cambie, el arte habría que explicárselo a los ricos, no a los pobres”.

cimg0178-copiaVolviendo a mi particular deriva, entiendo el gesto de esta persona anónima que fue pegando las páginas del libro “Pedagogia do oprimido” en este mismo sentido. Por eso creo que, más allá de la coincidencia en el apellido, esta persona decidió pegar aquellas páginas visibles a lo largo de toda la calle Oscar Freire para explicarles la emancipación del oprimido a los ricos. Se trata un gesto desesperado, es cierto, un gesto seguramente inútil, es verdad, pero al menos es coherente: para que la sociedad sufriera alguna transformación positiva deberían ser los ricos que acuden a comprar a la Oscar Freire los que deberían ponerse a leer a Paulo Freire. Es posible que así cambiaran algunas cosas pero, siendo sinceros, ¿cabe pensar que eso vaya a acontecer algún día? Mientras iba caminando por la calle me fijaba en las personas que entraban y salían de aquellas tiendas, cafeterías y restaurantes, y me los intentaba imaginar parándose a leer aquellas páginas pegadas por alguien en un último intento desesperado de reclamar justicia (y no se trata en esta caso de “justicia poética”, sino de justicia a secas). Me gustaba la idea de pensar en algunos de aquellos pijos y pijas entrando a la librería Cultura para pedir a un dependiente: “Por favor, ¿el libro de Paulo Freire Pedagogia do oprimido?” Evidentemente, habría que buscar esta escena en la sección “pura ciencia-ficción”.

En todo esto iba pensando mientras paseaba por la rua Oscar Freire tirando del hilo de página en página. Al llegar al cruce con la Avenida Rebouças, en uno de esos espacios completamente hostiles para el peatón que tanto proliferan en esta ciudad siempre en obras, en un pequeño rinconcito, detrás de un poste de cemento, alguien había pegado cuidadosamente un lambe-lambe con un poema que decía:

La poesía
de cemento es
concreta[3].
Con ella creo
obras usando
ladrillo o
trovas.

Otro gesto desesperado por encontrar un lector despistado sin nada mejor que hacer que andar sin rumbo, un último gesto inútil (aunque no banal), un gesto todavía poético. El poema estaba pegado en un lugar escondido que no era visible a simple vista. Quizás sea justamente este el espacio de resistencia crítica que le queda a la poesía y al arte: un espacio ínfimo, apenas visible en medio del tránsito continuo e imparable. Quizás sea ahí, en medio de un rincón apenas visible, donde le reste al arte la capacidad de incidir en esta sociedad opresora que domestica la potencia emancipadora del arte bienalizándo sin remisión la experiencia a golpe de evento institucionalizado y banal. ¿Qué hay detrás de estos textos pegados por los lugares más insospechados de la ciudad? Apenas nada, o mejor dicho, apenas la postrera necesidad de expresarse (por medio de las propias palabras o de las palabras de otros compañeros de viaje); apenas la postrera, en fin, necesidad de traducir.

Antonio J. Pradel (Madrid, 1975)antonioperfil, escritor. Vive y trabaja en São Paulo. Con formación en Historia del Arte y Bellas Artes, tiene tres libros publicados en la editorial Bellaterra (Barcelona). Recientemente ha salido publicada en Brasil parte de una entrevista que, junto a Aurora Fernández Polanco, le hicieron en colaboración a Suely Rolnik (A hora da micropolítica. São Paulo, n-1 edições). Actualmente se encuentra traduciendo al español los poemas de João Cabral de Melo Neto que tienen relación con la tauromaquia y el flamenco. Colaborador habitual de la revista “El Estado Mental”.


[1] El Mystery Shopping (“Cliente Misterioso”) es un método utilizado en el campo de la investigación de mercados e investigación comercial. Las compañías suelen utilizar esta técnica para obtener información específica de los productos y servicios con la finalidad de evaluar la calidad del servicio de atención al cliente. Así, las distintas empresas pueden tener un feed-back completo y detallado de la experiencia de los clientes en sus puntos de venta y consiguen mejorar la atención al cliente.

[2] Pablo Lafuente (uno de los comisarios) proponía pensar la 31a Bienal de Saõ Paulo a través de tres factores: la institución y su misión histórica, la tentativa de articular un intercambio con la situación contemporánea en São Paulo y Brasil, y la estructura social y política de la ciudad y del país. Al poner en relación estos tres elementos emergían, en efecto, distintos (y siempre complicados, conflictivos) modos de entender las posibilidades pedagógicas del arte, así como las propias limitaciones de las capacidades emancipadoras que una exposición de arte como la Bienal tiene por definición.

[3] Juego de palabras con el término ‘concreta’. Por un lado, esta palabra hace referencia al género poético conocido como “poesía concreta”, donde lo visual y espacial tienen la misma importancia que la rima y el ritmo en la poesía lírica. Los inicios históricos de la poesía concreta hay que buscarlos en los años ’30 del siglo XX, cuando se acuñó el término “concreto” para hacer referencia a esta escuela. Como plan estético más amplio, el concretismo fue un impulso ideológico que desempeñó un papel importante —no solo en el campo específico de la poesía— en el desarrollo de las artes de vanguardia a mediados del siglo XX. Por otro lado, ‘concreto’ en lengua portuguesa significa también “mezcla de aglutinante, generalmente cemento o cal, con agua y un añadido de arena y piedra para que se acabe formando una masa compacta y dura”.

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