El enemigo

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Vulnerabilidad. Este vocablo describe de modo perfecto la realidad del migrante cuando arriba a un país extraño a sus raíces. Trabajo precario, condiciones de vivienda inhumanas, imposibilidad de acceso al sistema educativo o a los mínimos cuidados sanitarios, es el cuadro que generalmente se enfrentan las personas que migran en busca de mejores oportunidades.
La referida situación es aprovechada por el poder punitivo estatal que se vale del contexto de vulnerabilidad del inmigrante para crear en ellos la imagen y semejanza de la figura del enemigo.

II. De vulnerable a enemigo.
Partiremos de un doble estándar de vulnerabilidad del inmigrante. Por un lado, una desigualdad de “facto”, producto de los prejuicios culturales. Éstos, son llevados a cabo muchas veces por los llamados “discursos de odio” que basados en la intolerancia se manifiestan a través del nacionalismo agresivo, el etnocentrismo, la discriminación y la hostilidad contra esas las minoría. Ello genera una visión del migrante como un competidor no deseado de espacios de vivienda, servicios sanitarios, de transporte, de asistencia social y educativos. En segundo lugar entendemos que existe una desigualdad de “iure”, fundada en un desconocimiento hacia los derechos que per se le son reconocidos a los inmigrantes por ser habitantes de la República.
Podemos afirmar que desde los tiempos del derecho romano el migrante siempre ha sido un “buen candidato” a enemigo. En ese sentido, si bien las condiciones jurídicas han variado sustancialmente, podemos hacer un paralelo entre el extranjero que era tomado como prisionero y esclavizado en la Antigüedad y el migrante actual. En los dos casos, nos encontramos frente a sujetos vencidos que migran de sus tierras por una necesidad –bélica o económica- y que pasan a ser la personificación del hostis.
Entonces, el enemigo no es cualquier infractor, sino el otro, el extranjero, el extraño, el hostis. Esta diferenciación entre infractores es tomada por los autores contemporáneos del derecho romano, que distinguía precisamente entre el inimicus y el hostis. El inimicus era el enemigo personal, mientras que el hostis era visto como la negación absoluta del otro ser, era el que carecía de derechos, el que estaba fuera de la comunidad.

El trato diferencial que se depara al enemigo se fundamenta en la negación de su condición de persona y en su consiguiente cosificación, pasando a ser algo meramente peligroso que puede ser excluido, segregado e incluso su eliminado.

III. Noticias tóxicas: El enemigo en los medios de comunicación.
Es innegable el interés de ciertas empresas mediáticas (monopolios u oligopolios de la comunicación) al apego de notas con alto impacto en la sensibilidad social. A través de estas, el público comienza a hablar de los hechos criminales, de los actores y de los procesos judiciales. Se construyen estereotipos como el de héroe y villano y la sociedad se convierte en espectadora y “opinadora” de un espectáculo que la Justicia formal nunca previó.
Los medios de comunicación se insertan en el esquema general del sistema económico y con supuestas bondades echan mano a las disponibilidades del capital para lanzar al mercado productos destinados al consumo masivo: la noticia rimbombante.
En esta lógica de rentabilidad, prefieren un tipo de información que se adecue al efecto dramático, así como a la alta significación para la audiencia, el lector u oyente, en función de sus intereses y temas de preocupación. Es entonces, que la selectividad de la información, decodificada, editada y emitida, no responde a un fin pluralista social y democrático, sino al estereotipo estimagmatizante del enemigo de la sociedad.

Es así como persiste en el imaginario social que lo delictual se relaciona intrínsecamente con el inmigrante, culpable de la mayoría de nuestros males y protagonista principal de la problemática de la “in-seguridad”.

 

Ello a pesar que la ciencia metodológica, a través de la criminología liberal, verificó -con sus investigaciones sobre la cifra negra, la criminalidad de cuello blanco y la criminalidad política- que el comportamiento criminal se distribuye en todos los grupos sociales, resultando la criminalidad de la clase dominante sustancialmente más grave que la de toda la criminalidad realmente perseguida.
Sin embargo, los medios de comunicación explican con omnipotencia que la delincuencia se debe al ingreso de personas provenientes de los países limítrofes y además, que estos lo hacen de forma ilegal aprovechando el sencillo acceso que tienen nuestras fronteras.
A ello debemos sumar la popular entrevista con algún “opinologo” o “político oportunista”, que presentará una solución mágica al aumento de la delincuencia, como por ejemplo la expulsión inmediata del delincuente migrante cuando es detenido en flagrancia, la quita de planes sociales, entre otras descabelladas “soluciones” al problema. Así, los canales informáticos exponen tales comentarios como preocupaciones dictadas con total sentido común. El círculo se cierra cuando los Jueces o Fiscales dejan de lado sus convicciones y empiezan a aplicar la criminalidad instalada por los multimedios mediáticos como expresión de preocupación pública.
En esa línea, podemos traer a colación la lamentable contradicción en las políticas estatales que se produce en la República Argentina. Por un lado, tenemos los avances llevados a cabo a partir del año 2003 con la sanción de Ley de Migraciones -Nro. 25.871- y su posterior Reglamentación -616/2010-, en las que se reconoció a la migración como un derecho humano. Mientras que por el otro, observamos las oscuras prácticas de las agencias mediáticas con un claro rebote xenófobo y discriminador.

IV. Conclusión.
A partir de lo relatado, podemos afirmar que valiéndose del siempre influyente discurso de los medios de comunicación hegemónicos y de la búsqueda inmemorable del colectivo social de un estereotipo de enemigo, el poder punitivo estatal toma provecho de la situación de vulnerabilidad del migrante y lo convierte en la personificación del extraño, hostis o enemigo.
Por ello, tenemos la firme convicción de que se debe dar batalla a los chivos expiatorios que se instalan de turno, con el fin que los mismos sean denunciados y queden expuestos por lo que son, intentos burdos de un retorno a un derecho penal de autor.

Como citar: El enemigo, Revista Kultur, edição 02, FERRARI, Diego Agustin. QUERCIA, Matias. 2015

 

drdiego

Dr. Diego Agustin Ferrari – Abogado de la Universidad de Buenos Aires (U.B.A.), Magister en Derecho Penal de la Universidad Austral (U.A.), Especialista en Derechos Fundamentales y Garantías Constitucionales en Derecho Penal y Procesal Penal, Universidad de Castilla la Mancha (U.C.L.M.), Toledo

Matias Quercia: Abogado recibido en la Universidad de imageBuenos Aires, cursando la Maestría en Derecho Penal en la Universidad Austral. Ayudante
de segunda de la cátedra a cargo del Dr. Javier A. Augusto De Luca.

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